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La Sentencia

La vida es ese efímero episodio entre la inexistencia infinita y el retorno al primordial estado del que provenimos. Un ciclo finito de sucesos que recolectamos como fantasmas en la memoria de nuestros cerebros. Un vagabundeo errante existencial, un perpetuo ciclo de luto que experimentamos en esta solitaria roca en medio del espacio. El tiempo es un concepto real, pero lo ideamos para catalogar y clasificar los innumerables ciclos astrales que ocurren mientras existimos, un eterno retorno de eventos enfermizos en los que enmarcamos nuestra realidad. En este periodo efímero nuestro cerebro desarrolla fantasías para re acomodar sus experiencias y catalogarlas, los sueños son pues, los mecanismos en los que el cerebro interioriza el sinfín de experiencias que percibe en los periodos de vigilia. ¿Pero qué pasa entonces cuando atisbos enfermizos se asoman por la mente y despertares siniestros rompen con la ciclicidad temporal?. Mejor dicho, ¿Qué pasa cuando en un punto de este circulo pla...

La Hermandad Negra

Hay sueños más reales que la vida. Sueños cual lápiz que trazan los signos del destino. Plumas que dibujan el contorno de la mente. Sueños tan primordiales que se producen en  Las entrañas de la Luna, en instantes en Que somos menos que un rumor. Nadamos inmersos en mares de obsidiana, Nuestra vida solo un pulso, un sueño, un pensamiento; Un delirio efímero en la oscuridad. Los tempestuosos mares negros del Abismo Yacen sin olas, solo el llanto de quienes no son, El jadeo de quienes ya fueron y oh son tan Verdes los que no han sido. Sea entonces el primer paso para trascender, Pues entre las sombras se ocultan puertas de luz Sean entonces los siete pasos igual que nacer. ¿ Más, quien habrá que te salve de la distocia? La vida es un sueño entre los regazos del ánima, Admira la infinidad de estrellas coronadas en su piel. Camina sobre las aguas, haz con tu sueño tu capricho. Susurra tu pedido y te darán la respuesta. Toca otra estre...

La Llamada del Aquelarre

Perdóneme padre pues he pecado; he descubierto que en Costa Rica los dioses que se adoran son falsos. No son más que fantoches ideológicos tenues y bobalicones impregnados hasta la coronilla de mentiras enfermizas y nauseabundas. El horror inmaculado se cierne sobre nosotros dorado ante la anómala experiencia de lo divino. La verdad es que lo divino, lo perfecto, lo idílico, todo aquello demasiado bueno para ser verdad, nos elude debido a su absoluta falsedad. En estos elementos irreales nos escondemos para desviar la mirada cobardemente, lejos del horizonte donde se cierne un sol doble en un cielo con estrellas negras. Lo cierto es que el velo se cae lentamente una vez que hipertrofiamos nuestros cerebros al estado en que se encuentran en este punto de la historia. Hemos aumentado el volumen de nuestra sustancia gris a puntos sin precedentes, jamás vistos antes en la esfera de azul pálido de nuestro planeta. Ahora, derrumbando bloque por bloque los muros de ignorancia y opt...

Palo Negro

Fuera de la plácida ignorancia en que el dios judeocristiano y sus acólitos nos suman, en lugares que el estado; esa deidad de papeleos y concreto que hemos creado, ha olvidado y elegido abandonar en pos de una élite que exuda comodidad. Existen puntos oscuros, retrogradas y siniestros donde cultos antiguos aún merodean entre páramos y humedales enmohecidos por el tiempo. Incluso más antiguo, más anómalo, hay aún comunidades hundidas en viciosos cultos que ofenden hasta los más negros aquelarres y dioses tan nauseabundos y siniestros que sus tentáculos estrangulan el tiempo. Yo, no obstante no he venido hoy a conversar sobre biología o antropología de zonas rurales en pleno siglo XXI. He venido a compartir la anécdota terrible que dejó una gruesa herida en mi interior; una sugerente y desesperante, honda y cruenta marca que por siempre cargare. Ese abismo insondable en mi alma que por los días que me quedan intentare llenar con el plácido opiáceo que mora en jeringas vencidas y hierve ...